A partir de todo lo que me ha tocado vivir en este proceso de transformación y salud, encontré una manera de compartir mi experiencia con mi familia.
En un contenido anterior, planteé los fundamentos que me llevaron a implementar este estilo de vida y, mi familia como muchos, respondieron de forma afirmativa a varias de las preguntas planteadas, esto con el fin de determinar la posibilidad de estar experimentando alguna sensibilidad o intolerancia alimentaria; así como también evaluar si tu hígado, intestino y riñones se adaptaron, o no, a los cambios que ha sufrido nuestra alimentación. Puedes visitar este enlace para determinar si este podría ser tu caso.
Pero a pesar de responder afirmativamente a estas preguntas, aún se sentían escépticos en cuanto a creer que la dieta sana y balanceada, alta en fibra y baja en grasas, recomendada por sus nutricionistas una y otra vez a lo largo de sus vidas, podría ser la causa de las “Enfermedades de la civilización”.
Entonces, les propuse un reto de 21 días para confirmarlo.
Mis familiares al ser testigos de los cambios maravillosos y sostenibles en el tiempo que conquisté, luego de haber agotado casi todas las alternativas que ofrece el mercado, como la medicina convencional y estética, fue lo que realmente los motivó a llevar a cabo este reto, ya que por primera vez en mi vida podía decir que sentía una Plenitud Radical a nivel físico y mental.
Pero, se preguntaran ¿Por qué 21 días?
Según Maxwell Maltz, un reconocido cirujano plástico, en su libro PSICO-CIBERNETICA, explica: “Por lo general se necesita un mínimo de veintiún días para que se efectúe cualquier cambio perceptible en el cuadro mental. Tras la cirugía plástica, el enfermo tarda alrededor de veintiún días para acostumbrarse a su nuevo rostro. Cuando se amputa un brazo o una pierna, la <extremidad fantasma> suele persistir durante unos veintiún días. Se necesita que los moradores de una nueva casa vivan en ella unas tres semanas antes de que ésta comience a parecerles <su hogar>. Estos y muchos otros fenómenos comúnmente observados tienden a demostrarnos que se requiere un lapso mínimo de veintiún días para que una vieja imagen mental se desvanezca y cristalice una nueva.”
Por otra parte, el catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ignacio Morgado Bernal (Participación Educativa, 2012. Claves Neurocientíficas de la Enseñanza y el Aprendizaje), indica lo siguiente: “Para adquirir hábitos motores, como montar en bicicleta o tocar el piano, o mentales, como el cálculo matemático o aprender una lengua extranjera, de lo que se trata es de formar y fortalecer las conexiones cerebrales que conducen siempre a las respuestas requeridas. En ese caso pueden ponerse en juego estructuras como los núcleos subcorticales del cerebro, cuyas conexiones neuronales son resistentes a su formación, pero muy consistentes y duraderas una vez establecidas. La forma de conseguirlo es la repetición, pues es lo que activa suficientemente el proceso bioquímico que forma, refuerza y estabiliza las conexiones neuronales pertinentes.”
Nadie mejor que Aristóteles para resumirlo: “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”.
Si encontramos una motivación consistente, es decir, preguntarnos: ¿qué deseo? Una solución temporal, ejemplo, lograr entrar en un vestido que voy a usar para una fiesta en 15 días. O, deseo mejorar mi salud y apariencia personal para vivir a plenitud.
Una motivación bien soportada, nos llevará a tomar la decisión y actuar, además será la columna que nos sostenga en un momento de debilidad. Es decir, estar consciente del objetivo que queremos lograr, fortalece nuestra fuerza de voluntad y con la suficiente disciplina para conquistar un nuevo hábito, podemos imprimir en el subconsciente un nuevo patrón de estilo de vida saludable que no representará un gran esfuerzo o sacrificio, solo será parte de nuestra rutina. Un hábito no se elimina, se reemplaza por otro alineado con nuestro objetivo y, la conquista de ese objetivo será la recompensa de incorporar este nuevo hábito saludable. Por eso es indispensable estar consciente de cada decisión que tomamos, porque si no actuaremos desde el subconsciente en forma automática, según nuestros hábitos, he ahí la importancia de adquirir hábitos que potencien nuestras metas.
Antes de explicar en qué consiste el reto, es necesario saber cuál es la diferencia entre alergia, sensibilidad e intolerancia alimentaria.
La diferencia radica en que una alergia genera una contundente y rápida reacción del sistema inmunitario, a través de la elevación de los anticuerpos inmunoglobulina E (IgE); mientras que una sensibilidad alimentaria genera reacciones retardadas del sistema inmunitario mediados por la elevación de los anticuerpos inmunoglobulina G (IgG), generando inflamación crónica de bajo grado.
En cambio, la intolerancia alimentaria no involucra el sistema inmunitario; está asociada a nuestro sistema digestivo, el cual no es capaz de digerir el alimento correctamente, por la deficiencia de las enzimas necesarias.
En este sentido, una alergia es muy fácil de detectar por sus síntomas inmediatos, pero en el caso de las sensibilidades e intolerancias, es necesario llevar a cabo una dieta de eliminación durante este periodo de tiempo mágico de 21 días.
Así que les propuse consumir alimentos naturales durante 21 días tales como: vegetales, grasas buenas (saturadas como el aceite de coco / Mantequilla / Omega 3 proveniente de peces pequeños como las sardinas que contienen menos mercurio), tubérculos, proteínas (pescados, huevos, aves, res, vísceras), frutas (consumir con moderación, preferir frutas del bosque), frutos secos y semillas (consumir con moderación y luego de ser colocadas en remojo durante 24 horas para mitigar sus antinutrientes).
Es importante señalar que dentro del alcance de nuestras posibilidades, el origen de los alimentos debe ser:
- Vegetales, hortalizas, tubérculos y frutas de origen orgánico.
- Pescados salvajes.
- Carne/Grasa animal, procedentes de animales criados en libertad y alimentados con pasto.
- Huevos de gallinas camperas.
- Carne de pollo ecológica (España) / Orgánica (EE. UU.).
Además, excluyeron de su dieta los alimentos sospechosos:
- Cereales (trigo, maíz, arroz, avena, cebada, centeno, etc.), ya que las proteínas que contiene el gluten de los cereales (Prolaminas y Gluteninas) son muy difíciles de digerir, provocando lesiones al intestino, en este sentido, macromoléculas pueden traspasar la pared intestinal hacia el torrente sanguíneo provocando reacciones inflamatorias por una sobreexcitación del sistema inmunológico, desencadenando el síndrome del intestino permeable. Asimismo, sus proteínas no digeribles pueden atravesar la barrera hematoencefálica que protege al cerebro y propiciar disfunciones neurológicas; además pueden adherirse a los receptores de morfina (receptores opioides) generando adicción. Los cereales al igual que el azúcar, elevan los niveles de glucosa en la sangre por contener almidón.
- Legumbres (soya, maní o cacahuete, garbanzos, lentejas, frijoles, caraotas, arvejas, etc.) y solanáceas (papas o patatas, tomates, berenjenas, pimientos y ajíes) porque contienen lectinas (también presentes en los cereales), las cuales son proteínas muy pequeñas que pueden inducir irritaciones en el intestino, afectar su permeabilidad y capacidad de absorción de nutrientes. Asimismo, las lectinas y los fitoestrógenos de la soya pueden alterar las funciones endocrinas.
- Margarina, manteca vegetal, aceites vegetales refinados (poliinsaturados) como de soya, maíz, girasol y canola, por contener grasas trans y su alto contenido de Omega 6 que contribuye a un desbalance en la relación entre los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6, lo cual es pro-inflamatorio. Además, se oxidan con facilidad generando radicales libres. Razones por la cuales están asociados al envejecimiento prematuro, obesidad y enfermedades crónicas degenerativas.
- Los lácteos, ya que la caseína, proteína de la leche, similar al gluten de los cereales, está relacionada con la permeabilidad intestinal y enfermedades inflamatorias. Así como también, enfermedades otorrinolaringológicas, problemas de la piel, la vista y de comportamiento, entre otros. Además, se puede experimentar intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche asociada a problemas de sobrepeso y diabetes) y a los tóxicos asociados a la cría intensiva de ganado (antibióticos, metales pesados, hormonas, vacunas, etc).
- Y, por último, la azúcar (sacarosa) y jarabe de maíz alto en fructosa, ya que elevan en gran medida la glucosa en sangre, lo cual estimula la producción en exceso de insulina, desencadenando con el tiempo resistencia a la insulina (Síndrome metabólico).
Durante estos 21 días, mi familia se apoyó en los tubérculos tales como batata (camote ó boniato) y yuca, así como también, el plátano macho y casabe (cassava), para reemplazar los panes, papas o patatas, panquecas, arepas, tostadas, pastas y arroz; poco a poco fueron introduciendo un mayor contenido de grasas buenas, según su sistema digestivo se lo permitía, ya que si durante mucho tiempo la persona lleva una dieta alta en glucosa en sus diferentes formas (azúcar refinada, jarabe de maíz, cereales, frutas, tubérculos, etc), lo más probable es que el consumo de grasas buenas sea muy bajo, en este sentido, el hígado puede perder eficiencia en la digestión de las grasas; esto es muy común porque la dieta actual se caracteriza por ser muy alta en carbohidratos, baja en grasas e insuficiente en proteínas.
Luego de implementar esta “Dieta” por 21 días –No me gusta llamarla dieta, porque en realidad es un estilo de vida saludable–, experimentaron un gran nivel de energía, se liberaron de la retención de líquidos e inflamación a nivel de las articulaciones, perdieron peso proveniente de la grasa; porque este tipo de alimentación preserva el músculo a diferencia de las dietas hipocalóricas altas en carbohidratos, bajas en grasas e insuficientes en proteínas (necesarias para cumplir con las funciones básicas de reparación de tejidos y estructuras) que solo funcionan a corto plazo al restringir las calorías totales ingeridas, pero al someter al metabolismo a esta restricción calórica, este se hará más eficiente y se ralentizará para quemar menos calorías y como el alto consumo de carbohidratos mantiene la insulina elevada, no puede pasar a utilizar los depósitos de grasa como fuente de energía, entonces como su principal combustible es la glucosa, devora proteína muscular transformándola en glucosa (a través de la gluconeogénesis) para obtener energía.
Una vez transcurridos los 21 días, los invité a comer su alimento favorito de la lista de los excluidos y, experimentaron síntomas de indigestión, tales como, cólico, sensación de plenitud, borborigmos hiperactivos (ruidos intestinales aumentados), acidez, eructos, distensión abdominal, diarrea o estreñimiento, náuseas y/o vómitos; además durante dos días sufrieron de retención de líquidos, dolor en las articulaciones y falta de energía. Así con el transcurrir del tiempo, fueron probando cada alimento que extrañaban de su dieta y el resultado fue el mismo una y otra vez, por su propia experiencia saben cuáles son los antinutrientes que afectan su salud.
Darse la oportunidad de experimentar 21 días sin consumir estos alimentos, puede representar una gran mejoría si se padece de algún síntoma crónico, ya que se requiere entre tres semanas y tres meses para notar la diferencia, por otra parte, la mayoría de las sensibilidades a los alimentos generan reacciones tardías que varían desde dos horas hasta tres días después de consumir el antinutriente, lo que hace muy difícil identificar el alimento agresor causante de la inflamación crónica, la cual es un factor común en las enfermedades inflamatorias que terminan en “itis” como artritis y degenerativas que terminan en “osis” como aterosclerosis.
Según sus metas y condiciones particulares de salud, esta dieta o más bien estilo de vida, se puede mantener de por vida ya que es una fuente de salud y energía; pero si hay condiciones de cuidado tales como resistencia a la insulina o hígado graso, entre otros, hay que cuidarse de no caer en un consumo excesivo de carbohidratos, así estos sean saludables, porque crea un ambiente hormonal (altos niveles de insulina) que potencia la posibilidad de sufrir enfermedades crónicas, pero este tema lo profundizaré en un contenido futuro.
Aquí el Vídeo con todos los detalles:
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