Desde pequeña y durante muchos años, vi como mi familia experimentaba una serie malestares, algunos de los cuales experimenté yo a muy temprana edad.
Después de tanto lidiar de una manera directa o indirecta con el sobrepeso, la inflamación crónica, mala digestión, gastritis, colon irritable, estreñimiento, ovarios poliquísticos, síndrome pre menstrual, migrañas, resistencia a la insulina, dolores articulares, artritis, hipertensión, depresión y un largo etcétera; no sentí alivio hasta que descubrí a través de una larga investigación, las sensibilidades e intolerancias alimentarias que estaban causando estragos en mi salud y en la de mi familia.
A continuación voy a presentarles la interpretación de mi investigación y los resultados que logré a través del ensayo y error, sin ánimo de sustituir al diagnóstico ni tratamiento médico. Mi intención con estas líneas es compartir mi experiencia personal, y de ser tu caso similar al mío, empoderarte para que de la mano de tu médico cuestiones tu dieta «balanceada» actual.
Aquí el Vídeo con todos los detalles:
Si nos detenemos a estudiar la historia de la humanidad, podemos fácilmente notar una diferencia muy marcada entre los periodos paleolítico y neolítico; esta es la presencia o no de la agricultura. En el periodo paleolítico, durante aproximadamente 2.5 millones de años, el hombre se alimentaba de animales, huevos, semillas y rara vez de vegetales, frutas y tubérculos, según la estación y geografía. En otras palabras, el hombre en el 99% de su existencia no necesitó comer Carbohidratos cada 3 horas para obtener energía, tal como se recomienda actualmente. Las diferentes organizaciones Sanitarias en su mayoría, coinciden en recomendar una proporción mayor de este macronutriente en relación al consumo de proteínas y grasas, la cual corresponde alrededor de un 60% del total de las calorías consumidas.
Entonces, ¿cómo es posible que el hombre haya sobrevivido todos esos años sin la ingesta diaria de carbohidratos? La respuesta está en su hígado.
El hombre paleolítico obtenía la energía a partir de las grasas y proteínas que consumía (dos macronutrientes realmente esenciales) con la ayuda de su hígado. Entonces, ¿de dónde obtenía la glucosa que es un combustible necesario para el cerebro?, pues su hígado a través de la gluconeogénesis además tiene la capacidad de generar glucosa a partir de los aminoácidos de las proteínas que consume o de sus músculos en caso de experimentar ayuno prolongado; por esta razón no existen carbohidratos esenciales.
Luego hace 10.000 años aparece la agricultura y apenas solo 200 años la industrialización que nos ofrece una fuente de energía al alcance de todos, en cualquier estación los 365 días del año; así sumamos la televisión, el trabajo de oficina, muy poca o ninguna actividad física, condiciones que desencadenan en las llamadas “Enfermedades de la civilización”. Así quedaron atrás los años de cacería, largas caminatas como recolectores y sin el riesgo de ser atacados por un depredador. Y ¿qué pasó con nuestro hígado? Bueno, algunos se adaptaron a esta buena vida y cuando comen carbohidratos su hígado detiene la producción de glucosa, pero otros no corrieron con la misma suerte y su hígado produce glucosa aun después de consumir carbohidratos, porque estos últimos mantienen sus genes idénticos, demandando grasas, proteínas y actividad física.
Entonces, ¿cómo saber si tu hígado se adaptó, o no, a estos cambios en la alimentación?
Hay algunas preguntas que te pueden orientar:
¿Le cuesta adelgazar?
¿Siente falta de energía o fatiga?
¿Trastorno del estado de ánimo? ¿Depresión?
¿Trastornos digestivos (Indigestión, Eructos, Flatulencia, Reflujo, Acidez gástrica, Gastritis, Estreñimiento crónico, Colon irritable)?
¿Acné? ¿Cabello graso? ¿Verrugas, Rubíes, Manchas en el cuello (Acantosis Nigricans)? ¿Almacena grasa alrededor de la cintura? ¿Le diagnosticaron resistencia a la insulina? ¿Triglicéridos elevados y HDL bajo (Dislipidemias)? ¿Presenta un cuadro de Síndrome metabólico? Es decir, ¿Usted presenta factores de riesgo que aumentan su probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus?
¿Le diagnosticaron Síndrome de ovarios poliquísticos?
¿Presenta hígado graso no alcohólico?
¿Piedras en los riñones?
¿Insomnio?
¿Sufre de migrañas?
¿Tiene familiares hipertensos? ¿Es usted hipertenso?
¿Tiene familiares que sufren de diabetes? ¿Sufre usted de diabetes?
¿Infartos y/o ACV en la familia?
¿Le diagnosticaron osteopenia? ¿Osteoporosis?
¿Arteriosclerosis?
¿Infertilidad?
¿Cáncer?
Existen otros malestares que pueden experimentar las personas y jamás se nos ocurriría asociarlos con una sensibilidad a los alimentos que consumimos y mucho menos si nos “Cuidamos” consumiendo una dieta balanceada, basada en las recomendaciones de nuestro nutricionista. Los alimentos neolíticos, tales como, los cereales, legumbres y lácteos, los estamos consumiendo apenas hace 10.000 años, que son pocos comparados con los millones de años de nuestra existencia; radicalizándose en los últimos 200 años de industrialización, inundados de alimentos procesados, y lo más sorprendente es que los exámenes de laboratorio están bien y rara vez la medicina convencional asocia esta sensibilidad alimentaria con sus malestares.
Entonces, respóndete a las siguientes preguntas:
¿Sufre de alergias? ¿Sinusitis? ¿Asma?
¿Hipotiroidismo?
¿Síndrome de Fatiga Crónica?
¿Sufre de dolores en las articulaciones?
¿Le diagnosticaron artritis? ¿Fibromialgia?
¿Padece alguna enfermedad autoinmune?
Y la lista continúa…
Si respondes positivamente a dos o más preguntas, tu hígado, intestino y riñones no se han adaptado a esta nueva era. Tu hígado porque produce glucosa aun después de consumirla en los alimentos; tu intestino porque es agredido por los cereales y caseína de la leche de vaca que lo inflaman y vuelven permeable, lo cual impide la correcta absorción de nutrientes y; tus riñones porque eliminan el magnesio y el potasio en una mayor proporción a la absorbida; además que el magnesio antes abundaba en nuestro planeta, lo cual aumenta la deficiencia crónica de este mineral hoy día, ya que nuestros suelos no tienen suficiente magnesio debido a los cultivos intensivos.
Si no te sientes bien o te acostumbraste a sentirte mal, te cuento que sentirse mal no es normal, que almacenar grasa alrededor de la cintura no es normal, que estar deprimido no es normal. Hoy gracias a este estilo de vida, porque no es “Dieta” puedo experimentar una Plenitud Radical nunca antes vivida.
Si hay respuestas positivas a las preguntas anteriores te invito a cuestionar tu dieta actual. Además del cuestionario, hay otra forma de validar si sufres sensibilidades e intolerancias alimentarias y se trata de un reto de 21 días; yo no lo experimenté de esta forma porque fui realizando los cambios de una manera puntual y progresiva por incredulidad, pero hasta que no excluí el último antinutriente, no logré experimentar la plenitud que ahora siento.
Cuando por primera vez conquisté los resultados anhelados y además sostenibles en el tiempo, como madre y ama de casa, siempre buscando brindarle lo mejor a mi familia, quise inmediatamente involucrarlos, y como ellos notaron los cambios maravillosos en mí, se animaron a implementar mis nuevos hábitos a sus estilos de vida. A partir de todo lo que había experimentado, fue más fácil mostrarles a ellos el camino y les propuse un reto de 21 días.
Si te identificas con mi historia, en un próximo contenido te voy a explicar en qué consiste; les adelanto que fue un reto maravilloso, por el hecho de poder compartir con mi familia este camino tan gratificante y además la alegría de verlos experimentar sorprendentes resultados. Por eso me animé a compartir mi historia por las redes sociales, siento que no puedo guardarme toda esta información solo para mí y los míos, siento el deber de compartirla y empoderar a tantas personas que se sienten frustradas y desesperanzadas porque cada año de vida suman más y más medicamentos, los cuales drenan los bolsillos, tienen efectos secundarios y nunca logras sentirte completamente bien. No es vida vivir dependiendo de medicamentos, sin energía y deprimidos, algo malo debemos estar haciendo. Yo me atreví a cuestionar lo supuestamente “Correcto” y hacer las cosas diferentes, fue entonces mi cuerpo quien se expresó y me indicó que este es el camino correcto.
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